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Volvió la fiesta del cole

Centenares de familiares participaron en la fiesta del colegio, repleta como siempre de actividades lúdicas, deportivas, en cuyo patio la Virgen del Carmen ya tiene su rincón. Un precioso rincón, por cierto.

El calor puso a prueba a los centenares de familias que, como cada año, acudieron a la fiesta del colegio. Si bien, a decir verdad, ayudaron mucho a atenuar su rigor las gigantescas lonas instaladas previamente en dos de los lados que bordean la cubierta que protege la pista central de fútbol sala del centro.  Por no hablar de los refrescos  que el APA puso a disposición de los asistentes. Damos fe de que no tuvieron un minuto de descanso. Impagables las deshidrataciones que evitaron.

Es ya tradicional que nuestra festividad escolar arranque con la celebración eucarística en el templo del centro. La novedad llegó cuando, tras finalizar ésta, se procedió a bendecir la preciosa imagen de la Virgen del Carmen que desde ese día saluda cada mañana la llegada de los escolares. Un rincón para orar, hablar con la Madre y darle gracias por todos los dones que nos regala.

Las distintas instalaciones multideportivas sirvieron de escenario para el desarrollo de las competiciones deportivas intercentro que en esta ocasión llegaron marcadas por el voleibol, fútbol-sala, baloncesto, atletismo y ping-pong, y donde no faltó el tradicional partido de fútbol-sala entre padres del cole. El campo de fútbol, que el próximo año, estará cubierto de césped, acogió los tradicionales juegos hinchables, junto a los cuales se incorporó una mini-granja como novedad. En esta área transcurrió para los más pequeños buena parte de la jornada.

Finalizadas las competiciones, se procedió a la entrega de premios. A los trofeos deportivos se sumaron también los de carácter académico. En el transcurso del año, han sido muy diversos los concursos celebrados –relato, corto, lectura, Reading Contest…– que también merecen un reconocimiento,  y éste tuvo lugar en esta jornada festiva.

El tiempo pasaba y llegaba la hora de la paellada. Una paella, que todo hay que decirlo, se supera a sí misma cada año. Lo cual, siendo harto complicado, estimula, sin embargo, la impaciencia de los comensales. Seiscientas cincuenta raciones se prepararon este año y todas ellas se consumieron en un abrir y cerrar de ojos.

Solo quedaba ya la guinda del pastel. Y esta la pusieron, como siempre, las tartas que se presentaron al concurso organizado por el APA. ¿Será exagerado decir que cada año se superan? Ciertamente, no.

Nada de lo que allí sucedió hubiera sido posible sin el trabajo inestimable del APA y de los profesores del centro que, una vez más, se dejaron la piel para que todo estuviera al gusto de todos. Pero tampoco nos olvidamos de ese grupo de alumnos de Bachillerato que, voluntarioso como siempre, montó un pequeño chiringuito de chuches como ayuda a uno de sus viajes, endulzando, más si cabe, el sabor de una jornada alegre.

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