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“Los 20 años más bonitos de mi vida”

“Los 20 años más bonitos de mi vida”
18/11/2015 Colegios Juan Pablo II

Del colegio Juan Pablo II y Santo Ángel de Puerto Real nos llega el precioso testimonio de Elvira Jiménez. Misionera durante dos décadas en Guinea Ecuatorial, esta jerezana y trabajadora del colegio que define aquellos años como “los más bonitos que he vivido jamás” ha hecho de su vida una entrega al prójimo.

Desde muy joven, Elvira trabajaba por la mañana en la portería del hoy colegio Juan Pablo II y Santo Ángel, mientras que las tardes las dedicaba a realizar estudios de Bachillerato. Tras obtener la graduación, estudió auxiliar de clínica y policultura, una formación que necesitaba para irse de misión. Asimismo, cursó estudios de Teología en el Seminario Mayor de Jerez, se especializó en Biblia por la Universidad a distancia y fue la encargada de la pastoral del colegio, todo ello además de dar clases de religión en los colegios de Sevilla y Madrid.

Durante muchos años Guinea se convirtió en un verdadero hogar para ella. Allí ejerció como directora del colegio de la mujer, fue coordinadora del comedor de niñas, impartía clases de religión, de mecanografía e idioma a las mujeres para ayudarlas a introducirse en el mercado laboral, además, por supuesto, de dedicarle valiosas horas de su tiempo a la ONG ECI, donde fue reconocida con el título de misionera.

Elvira reconoce que la cultura y las tradiciones de las tierras africanas le hicieron en ocasiones sentirse impotente: “es difícil de entender, pero cuando lo vas consiguiendo descubres unos valores que no veías al principio. Me comprometí a contemplar, a observar y respetar porque cuando vas de una cultura a otra, hay muchas cosas que quieres cambiar pero no puedes”.

Lo mismo le sucedió con la religión: “evangelizaba con respeto, entre musulmanes, niños de la Iglesia reformada y católicos. Incluso leí el Corán para saber cómo enseñarles. Me esmeraba en ponerles ejemplos acordes con la realidad que vivían”.

En la misión Dios tiene un rostro y bajo su mirada percibía que “a veces no entendían el papel que adquiere nuestro Padre en el mundo, y eso que hay mucha gente comprometida en Guinea, precisamente los mayores que recibieron esa fe de los primeros misioneros”.

Elvira confiesa que nunca ha tenido la tentación de abandonar “me he sentido muy querida por los africanos y por mi comunidad, que es la que muchas veces te da fuerzas y te ayuda”. Y asegura que “después de Dios, lo más grande que hay es el ser humano; el mero hecho de ser persona, hace que todos lleguemos a ser un sagrario. Qué duda cabe que si respetáramos a la gente la vida sería mucho más bonita”.

“Mi carisma –concluye Elvira- es cuidar, transmitir y comunicarme con los jóvenes y niños”. Lo hace con su vocación misionera: “intento transmitir mi fe desde lo que soy, pues Jesucristo para mí es lo más importante;  le sigo a través de la misión de la vida, algunas veces abriendo la puerta con alegría a la gente, curando a los niños o en la calle”. Así es como se define esta jerezana misionera que tras veinte años en África, volvió a Cádiz para seguir `su misión de la vida´. Así es, en suma la vida de Elvira Jiménez, un alma que ha dedicado su vida a entregarse a los demás.

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