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Inger Enkvist  estuvo en la Fundación Educatio Servanda

Inger Enkvist  estuvo en la Fundación Educatio Servanda
30/01/2015 Colegios Juan Pablo II

La prestigiosa ensayista y pedagoga sueca, aprovechó su visita a España para hablar de “La buena y la mala educación”, ante los profesores y maestros de las diferentes obras de la Fundación.

La suya no es una voz cualquiera en el mundo de la educación. Tampoco una voz conformista. Catedrática de Lengua y Literatura española en la Universidad de Lund (Suecia), experta en Literatura Hispánica y miembro de la Academia Argentina de Ciencias Políticas y Morales, Inger Enkvist aprovecha las conferencias que imparte por todo el mundo para cuestionar las pretendidas bondades de la “nueva pedagogía”, abogar por el retorno al esfuerzo del alumno y devolver  al profesor el papel central que le corresponde.

Es por ello, que si siempre es un lujo poder leer sus libros, asistir a una conferencia de Enkvist constituye un verdadero privilegio. Como el que tuvieron los maestros y profesores que abarrotaban la sala de conferencias de la fundación, inaugurada para la ocasión.

Enkvist visitó nuestra casa para hablar de lo que más sabe, esto es, de la educación, en sus dos grandes variantes: la mala y la buena. Aunque terminaría su ponencia hablando de la buena educación, comenzó su intervención con la primera, sirviéndose para ello del libro Le pacte inmoral (2011) de Sophie Coignard.

Y es que las conclusiones de Coignard sobre el mundo de la educación son duras. Habla de ministros débiles, de administración incontrolable, sindicatos ambiciosos y funcionarios con privilegios desmesurados. Pese a lo cual, tan magna inversión, no impide que el sistema produzca un elevado índice de analfabetos. ¿Cómo es ello posible? se pregunta Coignard. Porque existe un “pacto inmoral” entre los ideólogos político-pedagógicos, unos sindicatos politizados y la poderosa administración pública.

El sistema educativo francés emplea a unas 250.000 personas. El Ministerio de Educación es enorme e ingobernable. Los ministros del ramo raras veces sobreviven más de dos años en el “mamut”, que es como llaman al departamento. El problema para Enkvist es que la situación de corrupción moral que denuncia Sophie Coignard en Francia se puede extrapolar perfectamente a buena parte del contexto educativo europeo. Ni siquiera Estados Unidos se libra.

El error -apunta Enkvist-  ha sido pensar que la pedagogía era capaz de destruir las limitaciones económicas, culturales y biológicas, lo que se traduce en un constructivismo pedagógico, según el cual es el alumno el eje del aprendizaje, y no el profesor. El intento de garantizar una educación para todos, obligatoria e igualitaria, que proponía un programa de igualdad para que las clases bajas pudieran ascender socialmente, ha fracasado: la realidad acredita que aquellos colectivos más desasistidos, aquellos a los que se quería educar, son precisamente los que se han quedado en el camino.

¿Hacia dónde debe entonces virar la educación? Inger Enkvist no tiene dudas: hay que mirar hacia Finlandia. Allí hace treinta años que la educación quedó apartada del debate político y fue encomendada a los técnicos. La sociedad se concienció de la importancia de la educación para el crecimiento y la prosperidad del país. Esto se tradujo en un reforzamiento de la figura del profesor, el cual se convierte en una figura de prestigio social que goza de reconocimiento y valía intelectual. “En el aula, el profesor –afirma Enkvist- es un intelectual que acoge al alumno y se merece el respeto que éste ha de procurarle”.

Si a Finlandia le va bien–añade la ensayista sueca- es porque apunta alto. Ello se debe a que, ya desde el Bachillerato, selecciona a los mejores profesores. ¿Cómo lo hacen? En primer, lugar tienen en cuenta las calificaciones académicas, de manera que únicamente  aquellos que hayan obtenido las más altas podrán superar el primer filtro. El siguiente paso consiste en realizar una prueba que obliga a la mitad de los aspirantes a retirarse antes de llegar a la meta. Por último, los supervivientes tendrán que pasar una exigente entrevista donde el dominio del lenguaje se convierte en un elemento fundamental.

¿Por qué esto es así? Porque aun cuando la del profesor es una vocación, ésta conlleva una gran responsabilidad. Tanto es así que Enkvist llega a comparar  la formación del profesor con la del médico: al igual que éste, el profesor estudia una parte teórica y otra práctica; es recomendable que posea donde gentes; debe actualizar conocimientos; tiene que estar en permanente colaboración con sus colegas; requiere de una preparación personal, y le es recomendable guardar una buena forma física, ya se le exige precisión en su labor. El profesor tiene que dar la impresión de que el encuentro con el alumno sucede por primera y última vez; debe ser consciente de la responsabilidad que le corresponde, la cual debe estar combinada con la libertad.

Finalmente, y tras esbozar los aspectos que separan al profesor experto del novel, Enkvist finaliza con una doble referencia cinematográfica: El club de los poetas muertos y El club de los emperadores. Frente a la opinión mayoritaria que ensalza el primer film, Enkvist se decanta por el Club de los emperadores como referente de lo que debe ser un buen profesor. A su juicio, el profesor al que da vida Robin Williams en el Club de los poetas muertos, lejos de ser un modelo a seguir, contraviene todas y cada una de las pautas que un buen profesor ha de tener en cuenta en el desarrollo de su vocación.

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