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Profesores contra alumnos, crónica amable de un duelo -futbolístico- inconcluso

Profesores contra alumnos, crónica amable de un duelo -futbolístico- inconcluso
11/06/2015 Colegios Juan Pablo II

Las espadas estaban en todo lo alto. El correctivo que los alumnos de Secundaria infringieron el pasado año a los profesores en el tradicional partido de fútbol-sala que cada final de curso les enfrenta en la fiesta del colegio, había resultado doloroso. Nos atrevemos a decir que hasta excesivo…

… Los daños ocasionados por el choque habían penetrado de lleno en la línea de flotación de los profesores, en su lumbre de “agua”. Habían dinamitado su moral, y lo que es más importante, resquebrajado su orgullo.

Sabido es que de la victoria a la derrota hay un paso, una delgada línea roja apenas imperceptible. Pero una cosa es la derrota, y otra muy diferente la humillación. Máxime cuando no se está preparado para ella. Máxime cuando el corazón desmiente, bajo el dictado de la ilusión, la realidad que la mente sí parece dispuesta a asumir. Eso es lo que le ocurrió el pasado año al hasta entonces invicto equipo de profesores. Quien no esperaba la derrota, menos dispuesto estaba a aceptar la humillación. ¿Y es que cómo aceptarla sin que ello supusiera una merma para el orgullo, o aún más, para su dignidad?, ¿O acaso puede aquella convivir con el respeto? Tal vez sí en el mundo de la retórica, en el de las palabras, pero jamás en la esfera de los hechos.

Eran pues muchas y notables las razones que un año después hacían presagiar un día turbulento. A medida que se acercaba la fatídica fecha, los que vivimos y convivimos con sus protagonistas percibíamos en el aire un algo diferente. Era ese algo –bien lo sabíamos- que precede a los hechos heroicos, a esas grandes gestas que permanecen vivas en nuestras retinas, décadas después de haberse producido. Se hacía evidente que la cicatriz no había hecho acto de presencia en una herida que seguía latente y que solo el honor de una victoria sería capaz de restañar. Los profesores parecían conjurados a devolver el agua a su cauce, y nosotros no estábamos dispuestos a perdernos tan digno espectáculo.

Y llegó el día de marras. Siendo calurosa, no obstante, la jornada amenazaba tormenta-. El aire, de plomizo, se podía cortar con los dedos. Es verdad que la festividad y la alegría se vivía en el entorno; los niños jugaban y los padres disfrutaban con sus juegos. Pero quienes habrían de intervenir en el duelo futbolístico, no se sentían aludidos. En su estado de ánimo la diversión no tenía cabida, como tampoco lo tenía la fiesta. Tal vez, sus conciencias navegaran por ese lugar, pero, desde luego, no por ese preciso momento. Porque su momento, “el momento”, ese que habría de redimirles de la afrenta recibida estaba aún por llegar. Porque cuando el horno no está para bollos tampoco lo está para paellas. Y porque la suya era otra guerra. Una guerra que solo la sed de venganza y el hambre de victoria podían satisfacer.

En representación de los profes, cinco magníficos sobre el terreno de juego, y otros tantos en el banquillo esperando la oportunidad para ratificar su valía. Entre los titulares, naturalmente, sus dos figuras, Raúl -más conocido como el capi- y José Miguel, carismático donde los haya, y de quien aseguran las malas lenguas que no se halla en su mejor forma. Ignoramos qué puede haber de cierto en semejante rumor, pero sea como fuere  ¿quién necesita de forma cuando, como es el caso, se halla sobrado de talento? Ahí están los ejemplos de Cassano y Ronaldo Nazario, que tanta gloria dieron a los aficionados.

Por lo que respecta a los alumnos de Secundaria, ¿qué podemos decir de ellos? Cinco lobos hambrientos, deseando hacer más leña del árbol caído y, aunque resulte ocioso decirlo, hipermotivados. ¿Cómo no habrían de estarlo? No se nos ocurre nada más motivante para un alumno que la oportunidad de poder darle una lección en el campo a quienes se la dan cada día en las aulas. Eso sí, con mucho cariño.

Al final, el partido se jugó. Profes y alumnos volvieron a verse las caras y de nuevo volvieron a ganar los mismos, aunque esta vez por una diferencia pírrica (5-0). Pelillos a la mar.

Habrá quien piense que bien pudiera ser ésta la crónica de otra muerte anunciada, pero ello equivaldría faltar a la verdad. Y es que si los profes doblaron la cerviz frente a los alumnos de Secundaria, supieron resarcirse bien en su siguiente partido derrotando sin paliativos al equipo Bachillerato (8-2). Un desenlace éste que no puede menos que sorprendernos y que propicia varias preguntas de calado: ¿cómo responderá el equipo de Bachillerato?, ¿mirará para otro lado actuando como si nada hubiera ocurrido, ¿o, por el contrario, recogerá el guante como corresponde?

El tiempo lo dirá.  Queda un año largo hasta entonces. Lo importante es que, lejos de teatralidades y de parodias, hubo, como siempre mucha diversión, y como siempre también deportividad y buen rollito, lo cual era de esperar: con tales mimbres el cesto no podía ser otro.

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Colegios de la Fundación Educatio Servanda

1 Comentario

  1. Un espectador 3 años hace

    Lo primero, enhorabuena al cronista. He disfrutado mucho leyendo el artículo.
    Un OLÉ a los profesores que se lanzan a competir contra jóvenes fibrosos hiperdeportistas, manteniendo el ánimo hasta el final. Un magnífico ejemplo para los escolares.
    Y enhorabuena también a los ganadores. Siempre es un placer ver a gente divirtiéndose sanamente con lo que hace. Y eso parecía el otro día.

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